Augusto, el Largo (por Sergio Gómez)
Escrito por Sergio Gómez
Augusto, el Largo
18/08/2005
No es difícil imaginar -menos después de los últimos acontecimientos- una novela, tal vez una saga, que se podría titular simplemente "Los Pinochet". Están servidos los ingredientes: el rastrojo de muertes y ahora la escandalera de corrupción de una familia con vidas que rayan en el absurdo. Y, se sabe, que un buen batido de sangre y dinero mal habido es la mejor receta para un best seller. La expresión se la copio a mi editor: "La familia de los Corleones", en eso se convirtió la familia más poderosa de Chile de hace unas décadas atrás, los Pinochet, dejando una estela rancia llena de despropósitos y franco absurdo, lo que para cualquier novelista es un material apetitoso.
El nexo de los Pinochet con la literatura no es tan antojadizo, hace unas semanas surgió un nuevo capítulo, uno desafortunado para Pinochet, pero una delicia literaria por su insensatez. Sabemos que hoy usar seudónimos parece algo pasado de moda. El dictador español, Francisco Franco, escribió una breve novela titulada Raza, que firmó con el seudónimo de Jaime de Andrade. La novela se convirtió en un guión, también escrito por el tal Andrade, y en una película que exaltaba a una familia: los Franco. Al parecer los heterónimos también son asuntos de dictadores: Sadam Hussein eligió el seudónimo de Mahamad Alsaqar para encubrirse como autor de la novela Zabiba y el rey, un súper ventas en Irak en tiempos de su mayor gloria.
Pinochet prefirió usar primero un anodino "Daniel López" para ocultar su identidad, y no precisamente para escribir novelas, sino para abrir cuentas secretas en un banco estadounidense y así evadir impuestos. Su siguiente identidad falsa podría rayar en la genialidad o en el más brutal despropósito: John Long. ¿Se trata de una cita literaria? ¿Una broma? Long John Silver es el personaje de una de las mejores, sino derechamente la mejor novela de aventura de todos los tiempos: La isla del tesoro de Robert L. Stevenson. John "el Largo" es un pirata, representa la maldad, la astucia, la rapiña y la codicia por el dinero; y es el enemigo del joven Jim Hawkins en la aventura que emprenden buscando la isla del tesoro. Long John es el traidor por esencia, el intrigante y conspirador: "Era muy alto y fuerte, con una cara del tamaño de un jamón", lo describe Jim en la novela. Con un tricornio en la cabeza y un loro –llamado Capitán Flint- parlanchín y exasperante.
Probablemente Pinochet no tenía fresca la lectura, si es que alguna vez leyó la novela, para elegir una identidad falsa tan decidora de sí mismo, o tal vez lo traicionó, como se dice, el inconsciente. Y ahora recuerdo otra salida literaria de los Pinochet. Mientras se encontraba su marido detenido en Londres, a Lucía Hiriart le pidieron que definiera en una palabra su situación. Doña Lucía, rápida y segura, respondió: "Kafkiana". Supongamos, inocentemente, que Lucia Hiriart o su marido alguna vez habrán leído al mejor escritor del siglo XX, Franz Kafka, porque los años de poder total de su dictadura no pueden sino describirse de la misma manera: kafkianos.
Hay que recordar, por si alguien lo ha olvidado, que al final de la Isla del tesoro, Long John Silver, el detestable pirata, logra escapar de sus captores. Al no ser juzgado ni condenado, como consuelo, Jim le desea que disfrute el resto de su vida de prófugo: "Ojalá así sea, porque sus posibilidades de gozo en el otro mundo son harto escasas".
Sí, ojalá, que así sea.
Augusto, el Largo
18/08/2005
No es difícil imaginar -menos después de los últimos acontecimientos- una novela, tal vez una saga, que se podría titular simplemente "Los Pinochet". Están servidos los ingredientes: el rastrojo de muertes y ahora la escandalera de corrupción de una familia con vidas que rayan en el absurdo. Y, se sabe, que un buen batido de sangre y dinero mal habido es la mejor receta para un best seller. La expresión se la copio a mi editor: "La familia de los Corleones", en eso se convirtió la familia más poderosa de Chile de hace unas décadas atrás, los Pinochet, dejando una estela rancia llena de despropósitos y franco absurdo, lo que para cualquier novelista es un material apetitoso.
El nexo de los Pinochet con la literatura no es tan antojadizo, hace unas semanas surgió un nuevo capítulo, uno desafortunado para Pinochet, pero una delicia literaria por su insensatez. Sabemos que hoy usar seudónimos parece algo pasado de moda. El dictador español, Francisco Franco, escribió una breve novela titulada Raza, que firmó con el seudónimo de Jaime de Andrade. La novela se convirtió en un guión, también escrito por el tal Andrade, y en una película que exaltaba a una familia: los Franco. Al parecer los heterónimos también son asuntos de dictadores: Sadam Hussein eligió el seudónimo de Mahamad Alsaqar para encubrirse como autor de la novela Zabiba y el rey, un súper ventas en Irak en tiempos de su mayor gloria.
Pinochet prefirió usar primero un anodino "Daniel López" para ocultar su identidad, y no precisamente para escribir novelas, sino para abrir cuentas secretas en un banco estadounidense y así evadir impuestos. Su siguiente identidad falsa podría rayar en la genialidad o en el más brutal despropósito: John Long. ¿Se trata de una cita literaria? ¿Una broma? Long John Silver es el personaje de una de las mejores, sino derechamente la mejor novela de aventura de todos los tiempos: La isla del tesoro de Robert L. Stevenson. John "el Largo" es un pirata, representa la maldad, la astucia, la rapiña y la codicia por el dinero; y es el enemigo del joven Jim Hawkins en la aventura que emprenden buscando la isla del tesoro. Long John es el traidor por esencia, el intrigante y conspirador: "Era muy alto y fuerte, con una cara del tamaño de un jamón", lo describe Jim en la novela. Con un tricornio en la cabeza y un loro –llamado Capitán Flint- parlanchín y exasperante.
Probablemente Pinochet no tenía fresca la lectura, si es que alguna vez leyó la novela, para elegir una identidad falsa tan decidora de sí mismo, o tal vez lo traicionó, como se dice, el inconsciente. Y ahora recuerdo otra salida literaria de los Pinochet. Mientras se encontraba su marido detenido en Londres, a Lucía Hiriart le pidieron que definiera en una palabra su situación. Doña Lucía, rápida y segura, respondió: "Kafkiana". Supongamos, inocentemente, que Lucia Hiriart o su marido alguna vez habrán leído al mejor escritor del siglo XX, Franz Kafka, porque los años de poder total de su dictadura no pueden sino describirse de la misma manera: kafkianos.
Hay que recordar, por si alguien lo ha olvidado, que al final de la Isla del tesoro, Long John Silver, el detestable pirata, logra escapar de sus captores. Al no ser juzgado ni condenado, como consuelo, Jim le desea que disfrute el resto de su vida de prófugo: "Ojalá así sea, porque sus posibilidades de gozo en el otro mundo son harto escasas".
Sí, ojalá, que así sea.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home